Al Borde: Relaciones sostenibles

A través de la colaboración comunitaria y el uso de técnicas e insumos locales, el colectivo Al Borde demuestra que la sostenibilidad radica en procesar las ideas en conjunto, honrar el territorio y devolver el valor al tiempo humano.

PROCESOS COLECTIVOS Y SABERES ANCESTRALES AL SERVICIO DE UNA ARQUITECTURA VIVA

Tenemos, como individuos, la intención de ser más sostenibles y, como solos se nos hace difícil, la manera que hemos encontrado ha sido juntarnos con más personas hasta formar Al Borde. Si un día alguien amanece con una idea y se la cuenta a los otros, no solo pueden entender mejor su idea, sino que el grupo puede encontrar la manera de canalizarla y, a veces, hasta hacerla realidad. Con los proyectos buscamos que pase lo mismo: que las ideas de una persona o de una comunidad se procesen en colectivo para encontrar caminos posibles.

Con una persona.

CASA JARDÍN (2020)

Una de las cosas más encantadoras que nos contó José Fabara cuando buscamos caminos para diseñar su casa en Conocoto, fue su deseo de vivir en la naturaleza. Decía que podía pasar mucho tiempo contemplando el vuelo de una abeja, sin más afán que el regocijo de ese instante. Entonces, ¿cómo construir una arquitectura que le permita ese contacto permanente?

Definimos tres estrategias. La primera tiene que ver con las circulaciones y conexiones del proyecto. Hemos oído decir que la arquitectura más sostenible es la que no se hace. La estrategia fue, precisamente, no construir y permitir que la naturaleza conectara con los espacios.

La segunda busca reducir la arquitectura de mayor impacto a un solo volumen para dormir y cocinar. Lo construimos de adobes, con la misma tierra del lugar.

Para la tercera, nos enfocamos en el programa restante: área de encuentro, baño y ducha. Nos preguntamos: ¿con qué se sostienen los alambres de púas de las cercas en la ruralidad de la sierra? Algunos usan pingos, sobre todo de eucalipto, pero por más tratamiento que reciben, son limitados; duran entre dos y tres años.

 

 

Otros usan postes de hormigón; estos sí duran, pero su costo y huella ecológica son altos. En este contexto, aparece el lechero. Al estar en su adultez, se le corta una rama recta, de aproximadamente metro y medio, y se planta como poste para la cerca. Ahí se clava el alambre. Esto le permite fortalecerse en el tiempo.

Le propusimos a José la idea de usar el lechero. Se entusiasmó tanto como nosotros y los usamos para soportar la ducha/invernadero, sostener la cubierta del baño y conformar el espacio social. Así logramos una arquitectura que ayude a alguien a tener una vida un poco más consecuente con sus sueños.

Con una comunidad.

BIBLIOTECA COMUNITARIA “YUYARINA PACHA” (2024)

En Huaticocha (Orellana), un grupo de campesinos decide empezar un camino diferente. Lo establecido ya es conocido: los niños y niñas con posibilidades van a escuelas rurales públicas deficientes. Pero la mayoría vive una adultez atrapada en patrones sociales de empobrecimiento: machismo, desigualdad y violencia.

Llevan el nombre de Witoca y es un particular en su gente que, desde el inicio, tienen la conciencia de que generar ingresos es importante, pero también lo es la reconstrucción de la cultura. Y, para ellos, debe arrancar desde la infancia. Así, idearon un sistema para reforzar la escuela a través de una biblioteca que es un espacio de respeto y promoción de las características individuales de cada niña y niño.

Witoca basa su proyecto en la autodeterminación. Por eso, bajo la lógica de aprovechar y multiplicar los recursos, diseñamos la Yuyarina Pacha (que en quichua significa ”Tiempo-espacio para pensar”).

 

 

Para resolver la estructura del edificio usamos chonta, una palma amazónica -de madera dura- que llega a medir hasta 25 metros. En la comunidad saben cuál de las decenas de especies es la adecuada; conocen cómo cortarla, transportarla entera y prepararla para la construcción. Para la cubierta, se escogió la paja toquilla, la fibra vegetal más resistente que conocen.

Los materiales están ahí. La mano de obra es de ellos. El conocimiento de las técnicas se mantiene porque, en muchos casos, sus abuelas y abuelos construyeron así. En lugar de usar recursos no renovables para procesar materiales y transportarlos, (incluso desde otros continentes), usan tiempo. Y en Witoca, la gente es dueña de su tiempo.