Antes de trazar una sola línea en el plano, Esteban Najas necesitó romper con su propia inercia. Creció fascinado por el diseño y el arte, pero inmerso en la sombra de un padre que fue uno de los constructores más prolíficos del Ecuador de los años 60 y 70. En un acto de rebeldía juvenil, decidió alejarse de la arquitectura para estudiar diseño gráfico e inaugurar una empresa de pre-prensa en los años 90, justo cuando la era digital sepultaba a la imprenta tradicional. Aquel primer gran fracaso profesional, sumado a la madurez que traen los tropiezos, lo reconcilió con su verdadera vocación. Volvió a las aulas a estudiar Arquitectura desde cero y, al graduarse, enfrentó la decisión más difícil de su vida: rechazar la invitación de su padre para trabajar juntos.
«Fue una decisión tremendamente dura para ambos, pero necesitaba encontrar un camino propio», evoca en el programa Grandes Empresas, Mejores Marcas de Qube Media. Tras más de 20 años de golpear puertas, superar el síndrome del impostor y consolidar su firma Najas Arquitectos, entiende su oficio no como un ejercicio de ego o de moldeado autoritario sobre el territorio, sino como una práctica profundamente humanista basada en la escucha activa, la psicología y la capacidad de traducir las emociones de un cliente en un objeto bello, funcional y tangible.
Diseñar de adentro hacia afuera: los tres pilares del proyecto
Esa sensibilidad personal se traduce en la filosofía de trabajo de la firma, la cual rechaza las fórmulas preconcebidas y parte de la premisa de diseñar de adentro hacia afuera. Esta metodología se sostiene en tres pilares interconectados que guían la planificación de cada obra:
- El usuario: Es el centro neurálgico del proyecto. Ya sea una residencia familiar o una torre corporativa, el diseño exige entender la psicología del habitante, sus hábitos matutinos, sus aficiones y su dinámica social. El arquitecto no impone una estética; actúa como un traductor sensible que aterriza deseos a realidades físicas y presupuestarias.
- El lugar: Un edificio no puede existir como una pieza aislada. Debe dialogar de forma activa con su topografía, su nivel de asoleamiento, la escala del barrio y el impacto en la caminabilidad del espacio público.
- El tiempo: Es la dimensión más compleja y abstracta. Cada intervención debe proyectarse considerando cómo envejecerá el edificio y cómo afectará, para bien o para mal, al organismo urbano al que pertenece en las décadas venideras.
El organismo urbano: Quito más allá del suelo inmobiliario
Al analizar el estado actual de la capital ecuatoriana, Najas cuestiona abiertamente la tendencia a tratar a la ciudad únicamente desde la óptica de la especulación inmobiliaria. «La planificación urbana y la planificación inmobiliaria son dos cosas distintas; tratar al espacio público solo como suelo para levantar torres es un grave error», enfatiza.
La densificación vertical del hipercentro de Quito, promovida en su momento con buenas intenciones, ha provocado un vaciamiento progresivo en sectores emblemáticos como La Mariscal, la avenida 10 de Agosto o el eje Amazonas. Frente a esto, el arquitecto defiende la necesidad de rescatar los respiros verdes y la vida de barrio en zonas más al norte como El Labrador o el Parque Isla Tortuga. Apoyándose en modelos de gobernanza exitosos como el de Medellín donde planes técnicos e independientes trascienden los periodos electorales o la red de distritos con identidad propia en Tokio, Najas llama a romper con las decisiones improvisadas del cabildo y devolver la planificación urbana a profesionales, urbanistas y ciudadanos.
Esta visión técnica aboga también por la preservación del patrimonio moderno e histórico, oponiéndose a borrar la memoria de la ciudad de un plumazo. En lugar de demoler hitos como el Estadio Olímpico Atahualpa para vender el terreno como suelo comercial, propone repotenciar la infraestructura existente para convertirla en un campus deportivo de alto rendimiento y uso mixto, conectado de manera inteligente con el transporte público.
«Nuestros nietos volverán a Quito»
Frente al fenómeno migratorio hacia los valles aledaños como Cumbayá o Puembo donde advierte que se están replicando de forma cíclica los mismos errores de congestión, patios de autos y saturación vial de la capital, Najas plantea un diagnóstico provocador sobre el futuro del territorio. En lugar de seguir expandiendo la mancha urbana de forma voraz, está convencido de que la estructura central de la capital ya posee las condiciones para ser rescatada.
«Quito no hay que construirlo; Quito ya está construido y está listo para ser transformado y revivido», sostiene con firmeza. Su pronóstico es que las futuras generaciones, impulsadas por la necesidad de una mejor calidad de vida, espacios peatonales integrados y sentido de pertenencia, abandonarán la dispersión de la periferia para volver a habitar el corazón de la ciudad.
Un llamado a emocionar a través del entorno
La arquitectura, cuando logra desprenderse del ego y la voracidad del mercado, se convierte en una de las disciplinas humanistas más completas: un oficio capaz de entrelazar la sociología, la física, la historia y la sensibilidad. Para Esteban Najas, el objetivo final de cualquier proyecto es sencillo pero ambicioso: resolver necesidades humanas a través de soluciones sensibles que tengan la capacidad de emocionar y conmover al observador.
Para escuchar de primera mano esta profunda reflexión sobre el urbanismo, el sentido de pertenencia y la historia de vida detrás de Najas Arquitectos, te invitamos a ver la entrevista completa en YouTube.
